Cuando todo hacía creer que el grave enfrentamiento interno en el Instituto Nacional del Teatro se resolvería a favor de las delegaciones provinciales y en contra del ahora ex director, Guillermo Parodi, apareció un tercero en discordia.

Hasta ahora, de los teatristas se escuchaban seguido sus quejas: las de siempre, en rigor: la falta de pago de los subsidios o la demora en la ejecución de los mismos, en relación a las salas, festivales y giras.

Mientras el enfrentamiento entre Parodi y los delegados locales llegaba a su expresión máxima, al punto de suspender la tradicional fiesta del teatro provincial, irrumpió un grupo de teatristas que, corriéndose de lo institucional, decidieron mantener la independencia respecto de ambos poderes y realizar el encuentro denominado, casi irónicamente, La Insuspendible. “Si bien las leyes de teatro se hicieron para ayudar esta práctica artística imprescindible, hoy en día los mediadores han llegado paradójicamente en muchos casos -no en todos-, a perjudicar a los teatristas más que a ayudarlos. Con esta Fiesta Insuspendible, con nuestra acción positiva, contrastamos la acción negativa de los agentes institucionales”, evaluó Pablo Gigena, del grupo La Vorágine, motor de la iniciativa.

Lo que en un primer momento apareció como una respuesta aislada, fue sumando elencos y salas en pocas horas y la rebelión de los teatristas se extendió del 28 de noviembre hasta el 5 de diciembre. A La Gloriosa, se unieron Centro Cultural Dionisio, La Sodería, El Árbol de Galeano, Sala Ross, Círculo de la Prensa, Sala Luis Franco, La Red Lules Teatro, Patio Lorca, Centro Cultural Leticia, más la adhesión de La Colorida. En definitiva, como si se tratara de un manifiesto, este sector independiente sostuvo que “la pasión no se suspende, la lucha por nuestros derechos no se suspende, la exigencia de reconocimiento por nuestro valor cultural no se suspenden”. Y el teatro se impuso, las obras ocuparon el escenario y el público, solidario, no estuvo ausente.

Aunque hoy la realidad parece distinta, con los nuevos funcionarios, lo cierto es que quedaron alrededor de 500 expedientes sin firmar (léase subsidios). De todos modos, las promesas de Marcelo Allasino parecen conformar más al sector directamente vinculado con los representantes provinciales.

La Fiesta Insuspendible marcó –por si hiciera falta recordarlo-, que el teatro existe fuera de las instituciones, y que todo un sector de teatristas se rebeló tanto contra el ex director, como con el sector de los delegados. Si bien la crisis en el Instituto Nacional del Teatro tiende a cerrarse por arriba (el enfrentamiento entre la nueva autoridades y el Consejo), la crisis por abajo permanece abierta. Los rebeldes teatristas ya avisaron.